Vida cotidiana

Voy caminando, un auto toca bocina, siento olor a nafta. Una mujer va hablando por celular quejándose de lo poco que los hijos la ayudan, que ya está grande y que desde que su marido murió no puede dejar de morderse las uñas sistemáticamente.

Adelante puedo ver la estación de servicio con sus uniformados cargando un poco de combustible fósil dentro de los carros de chapa. Autos que pasan interminablemente a mi lado dejando su rastro iluminado en el pavimento. Veo cabezas moverse dentro de los cubículos disfrutando algo de música que pudieron rescatar de alguna FM buena, mientras que otro parece estar angustiado,  se sabe que cuando un familiar muere no hay problema que interese demasiado ni felicidad que alcance para apaciguar la tristeza.

Delante mío una mujer ancha se pavonea luciendo su vestido recién comprado, cargando bolsas de supermercado, esta mañana su hijo le conto que estaba terminando su tesis, estaba contenta. La sombra intermitente de fachadas y arboles tiñe la secuencia.

Cochecitos con vidas nuevas que aun nadie puede imaginar cómo van a terminar, como van a empezar siquiera. La mujer del negocio me mira reacia pensando y adivinando, tratando de prejuiciar algo que nunca voy a saber, pero que ella si va a inventar porque su vida carece de una pasión y se dedica a vivir la vida a través de los demás.

Doblo la esquina y veo a las vecinos regando el pasto, podando algún arbusto o simplemente sentados en alguna reposera mirando la vida pasar. Yo vivo la vida al mirar. Capaz se sientan a reflexionar sobre lo que han vivido, o añoran sus años de juventud. O simplemente están esperando…

El mecánico se relaciona y conversa con sus clientes de futbol, un hombre honrado que aprendió a ganarse la vida de joven teniendo en cuenta siempre el ideal del “laburo”, del trabajo, de que no se puede estar “al pedo”. Viejos ideales ya sepultados por una nueva cultura que busca la felicidad, vivir el momento sin pensar mucho en el futuro que va a devenir.

Me imagino dentro de unos veinte años caminando hasta el mecánico como lo estoy haciendo ahora, viendo miles de situaciones, cada uno con un pensamiento, con un objetivo o con una pasión diferente ¿Será diferente? ¿Seguiremos viendo miles de personas aisladas en los suyo? ¿Dejaremos al fin de ser individuos?

Un crisol de personalidades, un montón de historias que nos resbalan, escapan y vuelven a pasar de frente mientras caminas, te pide la hora y después de manera prepotente roba alguna pertenencia tuya para poder comprar leche a su hijo o solamente ir a la villa a pegar una bolsa.

Somos una especie de rebaño heterogéneo con conflictos propios de la especie… no perdón, conflictos propios del sistema al que hemos llegado ¿Evolución?

Un chico pedalea por la vereda, acaban de sacar las rueditas de su bicicleta y su padre contento se emociona, puedo ver lágrimas de orgullo en sus ojos, su hijo ha despertado una pasión escondida en él.

También va un poco por ese lado, dejarse emocionar, apasionarse. La pasión es lo que nos moviliza. Pasión por el vil metal es lo que ha hecho que generación tras generación de avaros hayan creado este sistema al que lamentablemente todos estamos sujetos. Pero la respuesta está ahí atrás de la esquina… una parejita adolescente dándose su primer beso después de salir del colegio. Enfrente en el potrero un pibe mete el gol de la coca, de la victoria, y siente por un momento que es más grande que Messi. Eso.

Mientras camino y pienso esto trato de imaginar nuevamente un posible futuro, y después ahí nomás se me pasa y me doy cuenta que mientras siga caminando, viviendo, dejándome emocionar, sensibilizándome por las cosas que me ocurren momento a momento, no hay necesidad para pensar en un posible futuro.

Hoy vivo, hoy me emociono, hoy dejo de ser, hoy empiezo a revivir.

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