Margarita | Último capítulo: princesa del cielo

– ¿No tenes miedo? – preguntó el Oscuro.

– No, ¿porque voy a tenerlo? – respondió Adrián.

– Esa cosa hace meses que vive con vos. ¿Hasta cuándo?

– Ya le pedí de mil maneras que se vaya, y no quiere.

– Vos no la dejas, tenes que decirle lo que debiste decirle hace mucho.

-¿Y como queres que se lo diga? si no me responde, solo me sonríe, intenté de todo.

– Esto se torna peligroso, si seguís así vas a volverte loco.

– ¿Y porque pensas que no lo estoy?

– Porque me estás viendo, algo de cordura te queda, me da cosa escucharte desde afuera como le hablas a alguien que ya no está.

– ¿Y para que viniste? ¿Vas a darme la solución o solo a confundirme más como siempre?

– ¿Yo confundirte? Te salvé mil veces de que te mueras, desde niño cuando aprendiste a verme me quedé a tú lado, supe que eras único. Muy pocas personas en el mundo pueden verme y vos sos un desagradecido, eso es lo que sos.

– Yo no pedí verte, escucharte y sentirte en cada situación de mi vida parece más una maldición que algo bueno.

– Me da risa que pienses así, hicimos tantas cosas juntos.

– Me obligabas.

– Hacia el apoyo logístico, vos llegabas a esas conclusiones.

– Realmente en esos tiempos no sé qué hacia. Decime, ¿En quedamos al final?

– Ella se tiene que ir.

– No quiero.

– ¿Me estas cargando? Me decís que queres que se vaya, que desaparezca, vengo a hacerte entrar en razón y ¿cambias de planes?

– Quizás me haga mal, creo que todo está mal, pero la amo, amo cada cosa que hace, como me mira, como sonríe, como siente, como me abraza y como respira, es muy posible que ya no tenga alma, creo que ya no tiene voz porque se fue hace tiempo, pero muy adentro mío la mantengo viva porque es ahí donde quiero que se quede.

– Vos estás loco…

– ¿Y que tiene de malo estar loco?

– Ya te lo dije, ella se va a tener que ir, pero tenes que ayudarla, es frágil y vos buscaste la manera de transformarla en una princesa dentro de tu cabeza el cual tiene el derecho de habitar permanentemente, y si seguís haciendo esta locura se va a quedar por siempre.

– Si se tiene que quedar que se quede. Es mi princesa.

– Vos estas mal. Y lo peor de todo es que me vas a tener más seguido por acá.

– ¿A qué te referís?

– Me tengo que ir, pero necesito despertarte.

– ¿Vamos a hacer lo mismo de siempre?

– No tengo objetos para romperte en la cara, voy a tener que usar mis manos.

Adrián cerró los ojos, acto seguido el Oscuro se le acercó al oído y le susurró… – Perdonate. Dió un paso hacia atrás y lo golpeo tan fuerte en la cara que ni siquiera despertó, quedó inconsciente por unas horas. Es raro ver como las personas niegan tener problemas porque les gusta convivir con ellos, hay fantasmas que se quedan con nosotros de por vida, y hay personas que se hacen inmunes a estos ya que no tienen alma, quien la tenga podría asegurar de que un fantasma vivo existe y está mas presente que una forma física.

Suena el despertador, pero Adrián no lo escucha, sigue inconsciente, luego de dos horas se despierta aturdido y perdido, no recuerda mucho, solo que esta en el piso con sangre en la nariz, todo indicaba que se había caído de la cama. Como pudo se levantó, se bañó y fue a toda prisa para el trabajo, Mientras llegaba Cintia no para de llamarlo al celular.

– ¿Hola? Si, Cintia estoy llegando – dijo Adrián con vos desorientada.

– Apúrate porque acá se te armó, Juan está como loco con todos. – le dijo Cintia.

– Estoy a unas cuadras.

Apenas entró por la puerta Cintia se paró, lo llevo a la cocina muy preocupada.

– ¿Qué te pasó? ¿Te cagaron a piñas? – le dijo Cintia mirándo los golpes.

– No, me caí de la cama. – Mintió Adrián.

– Eso es un golpe. Tenes que preocuparte por tu salud. – dijo mientras lo revisaba y le acomodaba el cuello de la camisa. Juan gritó.

– ¿Dónde está el pibe de los mandados? – se escuchó atronador y enojado desde el fondo.

– Acá estoy, Buen Día – dijo Adrián.

– ¿Dónde carajo te habías metido? Uno más inútil que el otro, toma deposita esto en el banco y que la otra estúpida te diga donde tenes que ir.

Todos sabían el maltrato de Juan para con ellos. Es una lástima que a veces la necesidad del ingreso de plata haga que agachemos la cabeza con cuanto imbécil tengamos de jefe.

Ese día Fue realmente agotador. Uno no sabe si la gente en la ciudad se multiplica porque cada vez hay más y más. Llegando la noche y terminada la jornada laboral todos se disponían a irse.

– ¿Adrián vamos a tomar algo? – preguntó Cintia.

– ¿Nico viene?

– No, está en algo con una flaca, creo que nos abandonó, por lo menos esta noche.

– Puedo ir un rato, la verdad que estoy muy cansado pero necesito despejarme un poco.

El taxi llegó rápido al bar, y ahí estaba su mesa de siempre, esperándolos.

– La verdad que a Juan se le está yendo las manos con el trato – comentó Cintia.

– ¿Podemos hablar de otra cosa? – contestó Adrián.

– Y bueno hablemos, dale contame… por lo visto tenes algo que decirme.

– Con Nico no pensamos que sos un manual pero necesito sacarme de encima a cierta persona que ya no está – dijo Adrián misterioso.

– Mmm contame. – Cintia acomodó sus lentes, se preparó para escuchar y rematar con una reflexión de vida que seguramente ya lo ha vivido

– Hace meses tengo viviendo un fantasma en mi casa, es un fantasma vivo, traté de asustarla, ofenderla, ignorarla, entenderla, pero no se va, solo me sonríe, y me vuelve a conquistar. Esto me llevó a aprender a convivir con ella, hablarle, contarle mis cosas. Y creo que el otro día me respondió. Eso me tiene preocupado. Y siento que me estoy volviendo loco.

Al terminar de hablar Cintia se quedó muda, no supo que responder, intento tirar algunas frases para estirar el tiempo y así lograr pensar. Pero no hubo caso, jamás le tocó vivir así.

– ¿Y qué sentís ahora?¿Qué sentís cuando la ves? – preguntó Cintia confusa.

– Dolor en el pecho, pero cuando no siento ese dolor la extraño, y aparece. El dolor sigue, pero estoy más calmado. El otro día hablé con la hija de Mariana, le conté unas cosas de su madre y recordé que…

En ese momento Adrián recordó lo que le dijo a Margarita en el parque mientras paseaban, lo que hizo Mariana, él debía hacer lo mismo pero a su manera.

– ¿Qué? ¿Qué cosa? – preguntó Cintia.

– Me tengo que ir, creo que lo solucioné

Cintia se quedó desconcertada, con el trago en la mano mientras lo miraba irse firme y decidido.

– Llegué. – dijo Adrián apenas entró a casa.

Ella salió del baño, llevaba como siempre una toalla húmeda en la cabeza y completamente mojada, se sentó en la cama y comenzó a secarse, señaló la mesita de luz pidiendo la crema, continuó con eso, poniéndose linda, más aun.

– Creo que sé que es lo que tengo que hacer, y no lo he probado. Pero realmente el otro día hable con una niña, no te lo conté porque no quise alarmarte. Pero necesitamos hablar. – le dijo Adrián al fantasma. Ella se levantó rápido de la cama y se fue a la cocina.

– ¿Dónde te vas? Necesitamos hablar y va a ser definitivo. La fantasma comenzó a llorar, se tapó la cara.

– No te ocultes, no hagas esas cosas, llorá en frente mío, te va a hacer bien. ¿Te acordas que yo lo hice frente a vos? Me sirvió bastante, a vos también te va a servir.

Se abrazaron, se miraron a los ojos, ella no paraba de llorar y sacarse las lágrimas de la cara.

– Mírame bien, por favor para de llorar. En ese mismo momento el timbre empezó a sonar. – Espera que vea quien es, quédate acá en la pieza, ¿Hola? ¿Quién es?

– Soy yo Adrián. – dijo Margarita.

Margarita acompañó a Gloria a hacer las compras, como el lugar quedaba cerca de los departamentos decidió escaparse de quien la cuidaba para ir a verlo.

– ¿Qué haces acá? – preguntó Adrián.

– Gloria me dejó venir. – contestó la nena.

– Si claro, Gloria, pasa, seguramente está por acá cerca y debe estar por venir o llamar.

Mientras Margarita contaba como hizo para llegar y las cosas que vio Adrián escuchaba cada vez más fuerte como su fantasma lloraba en la pieza.

– ¿Me disculpas un segundo? Tengo que ir a ordenar unas cosas a mi pieza, quédate acá – dijo Adrián al tiempo que fue a su pieza. Al entrar estaba ella, llorando, tirando todo, de bronca, de tristeza. Él trató de agarrarla por los hombros para tranquilizarla pero no pudo, la fantasma continuaba tirando las fotos, los adornos en las estanterías, hasta que quedó inmóvil en medio de la habitación, esperando que Adrián se acercara y le hablara. – ¿Listo? ¿Terminaste?, ambos sabíamos que esto tenía que llegar a un final y hoy quiero decirte que te quiero, que ante todas las cosas malas que pasamos siempre te quise, te pido perdón por haberte roto el corazón, hoy y mírame a los ojos voy a sanar las heridas que tengo abiertas hace mucho. Hace días pude ver quien soy, vos no sos quien me hace mal, soy yo, y hoy yo me doy el perdón, ya no necesito estar en este juego, vos no sos luz y quiero llenar mi corazón de sangre, porque yo soy amor y es lo que llevo dentro. Ahora mismo voy a pelear por quererme más, y debido a eso ya no sos necesaria, te pido perdón pero me haces mal, y quiero que me perdones por todo lo que te hice, quizás ahora te vayas con el viento, quizás te vayas enojada conmigo, pero te voy a olvidar, me hiciste bien como me hiciste mal, voy a seguir pidiéndote perdón hasta que desaparezcas, hasta que lo entiendas, pero quiero que sepas bien que yo me acabo de perdonar, y estoy bien conmigo mismo. ¿Cuánto veneno no? Pero me dí cuenta que si no soy feliz vos jamás te vas a ir. Hoy mi amor, dejo de ser tu amor, te dejo de poseer, te dejo libre para que vayas a otros encuentros. Y hoy me doy la libertad para irme corriendo lejos, de volar con mi cabeza donde nadie haya ido jamás, y vos ahí no podes estar. – sentenció de un solo tirón.

Ella comenzó a llorar tan fuerte, con tanto dolor que comenzó a gritar, a morir lentamente. Adrián la levantó y le dio un beso en la frente, y volvió a repetir – Te perdono y me perdono por todo lo vivido… anda tranquila.

Él la soltó, se sentó a la cama mientras ella llorando salía de la habitación, todo quedó en silencio, al salir de la habitación la fantasma se encontró con Margarita, la niña dibujaba en la mesa, se puso a su lado, la miró.

– Decile que lo amo. – le dijo a Margarita.

Margarita sonrió, giró su cabeza mirándola fijo. – Sos muy bonita. ¿Sos una princesa del cielo?

– ¿Margarita con quien hablas? – preguntó Adrián.

– Con nadie…

FIN

WhatsAppShare

Comentarios

  1. Tincho dice:

    Genial… Falta mucho para la segunda parte?

Opina

*