Morbo

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Esta nota está basada en una consigna delirada en las entrañas de la redacción del staff por Zippo Alfa. Una encrucijada de tres tópicos:
– Vivir y estar solo
– El morbo
– El peligro de los medios de comunicación

Cada uno abre una oportunidad a la imaginación, recuerdo, humor, delirio, sexo, emoción o a donde sea que lo lleve al autor. A un rumbo perdido, o tal vez no…

“El morbo es la desobediencia de la razón” Plutarco

Resumen del archivo clasificado N°332

Hospital Central de Buenos Aires, 1956

María Silvia entró a trabajar en el recinto en 1939, hace 17 años exactamente, con 23 años y recién recibida de enfermera. Un promedio excelente hacía presagiar una futura profesional de excelencia.

A 15 años de su ingreso se comenzaron a notar irregularidades en su proceder, encargada del pabellón de terapia intensiva, se la notaba permanecer por demasiado tiempo con los enfermos más graves y moribundos.

En los dos años que siguieron, Silvia acompañó a unos 34 enfermos terminales en sus últimos instantes de vida. Comentarios al respecto inquietaron a sus compañeros de trabajo.

Los mismos versaban en argumentos como el siguiente: “¿En qué momento llega la muerte? ¿Cuándo el corazón deja de latir? ¿En el último suspiro? Es indefinible el instante en el que el blanco pasa negro, esa grisura imperceptible tal vez sea mérito del alma, tal vez sea que ella existe…”Así fue transcripto de un diálogo con un especialista, y esas entrevistas posteriores revelaron una “inquietud por la muerte”.

El apego a estos pacientes, primeramente, era considerado empatía, una solidaridad con el que vive una situación angustiante, sus años de desempeño impecable alejaban las sospechas de cualquier comportamiento indecoroso o fuera de lo normal. Con el pasar de los meses se la vio apoyando su oído en el pecho de los pacientes, sintiendo con su mano la respiración de la nariz y hasta observando inmóvil a los enfermos por horas, posteriormente se supuso que debía estar esperando.

El jefe de la morgue informó visitas regulares al subsuelo donde se hallaba la misma, deambulaba entre los cadáveres preparados para las autopsias, argumentando buscar algún elemento o persona. Nuevamente lo reiterativo de su comportamiento fue lo que la delató.

Su intachable comportamiento y profesionalismo hicieron que muchas de estos llamados de atención fueran desestimados. Hasta un día clave de 1955, cuando tuvo lugar una cirugía de emergencia y María tuvo que asistir.

Uno de los pacientes de terapia intensiva, debía ingresar a cirugía el día siguiente pero debió ser reprogramada para esa misma noche, cuándo la enfermera en cuestión estaba cumpliendo guardia, su estado de salud desmejoraba rápidamente y se debía operar a corazón abierto.

La intervención transcurría con la normalidad que una eventualidad de este tipo puede tener, hasta que en un momento el paciente comenzó a dar indicios de una posible crisis en lo inmediato. Silvia, que asistía en la misma, al ver el desarrollo de los acontecimientos tomo una actitud inesperada.

Repentinamente se colocó al lado de la mesa de operaciones, entorpeciendo el trabajo de los demás profesionales, fuera de toda razón observaba al paciente con los ojos desorbitados y la respiración acelerada. El resto del personal, primero preguntó que le pasaba y  percibiendo la nula reacción procedieron a retirarla por la fuerza del lugar, con gran resistencia por su parte.

Ante esta situación las autoridades correspondiente la retiraron de su puesto, se le otorgó licencia y fue sometida a los estudios médicos correspondientes. Continuó un tratamiento psiquiátrico por muchos años, hasta que, bajo supervisión, se la traslado a una dependencia meramente administrativa del área de salud.

Los registros de lo sucedido se mantienen bajo secreto de sumario, porque las familias del enfermo no tuvieron conocimiento de lo acontecido, y preservar la imagen pública de la institución. Nombres y datos del establecimiento han sido modificados para no comprometer al que develó esta información, que en realidad es local.

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