La leyenda de sol y luna (Parte 2)

Leer la primer parte

El joven Sol ya tenía la edad de un hombre, su mirada apuntaba hacia el norte y dirigía a sus tropas por un estrecho camino entre la selva. La sabia Luna había dejado de ser una niña para convertirse en una hermosa y radiante mujer que Sol cuidaba celosamente.

Ella preparaba las medicinas para las tropas mientras que su hermano entrenaba a sus milicianos, era hora de revolucionarse y recuperar el trono. Pueblo por pueblo fueron reclutando soldados para por fin poder recuperar Chichen Itzá y vengar a sus padres.

Tenían la ayuda de Kumulka, guerrero Jaguar que supo pelear con su padre. El escapo del castillo cuando se enteró de los rumores sobre un joven príncipe rebelde que deseaba recuperar el trono que ocupaba su abuelo, fiel a sus convicciones y aferrado a una deuda de sangre que tenía con su padre escapo una noche acompañado por sus mejores guerreros.

Sol y Luna llegaron a una playa en la costa del mar azul del este, donde abundaban los alimentos y donde podrían construir una aldea. Muchas veces capturaron a expediciones de guerreros Jaguar que venían con la intención de delatar su posición, cuando estos era llevados ante los hermanos rompían en llanto, era casi imposible ver tanta belleza junta. Eran llevados con Kumulka y en todos los casos se unieron a las tropas del nuevo despertar.

Un atardecer ocurrió lo impensado, sobre la cubierta de una gran fragata con cruces rojas en su velámenes, Cortez observo a un grupo de extrañas personas que miraban asombradas hacia su dirección, una sonrisa macabra se dibujó en su rostro barbudo.

Sol y Kumulka observaban asombrados en la playa. Sol sentía que era una señal divina, los dioses por fin estaban de su lado y apoyaban la desobediencia de sus padres, mientras que Kumulka, ya curtido por tantas guerras, desconfiaba de esas serpientes emplumadas que surcaban las aguas ágilmente. Aun así debía confiar en el joven Sol que sabiamente estaba guiando a su pueblo a la rebelión. Luna abrazo a su hermano y le pidió que tenga cuidado, Sol nunca había negado una sugerencia de su hermana, hasta ese momento. Seguía aferrado a la idea de que era la llegada de ayuda divina y organizo un enorme banquete.

Sobre la proa del esquife Cortez se acercaba lentamente a la playa, les ordenó a sus hombres bajar sus armas al ver que sobre la arena los recibían con danzas y jubilo, el reía a la par de sus hombres, sabía que podía utilizar esa situación a su favor.

Llegando a la costa observo como un joven completamente adornado con plumas y joyas de vistosos colores lo recibía sobre la arena, lo único que llamaba su atención era el oro que relucía ante a los rayos de sol en su cuello.

Cortez y sus hombres tardaron un tiempo en aprender a comunicarse con los nativos, Sol fue el primero en dirigirse a Cortez para pedirle que lo ayudara a recuperar la ciudad de Chichen Itzá, a la que él llamaba “el dorado”, nombre que merecía la ciudad que estaba plagada de tesoros reales. Cortez acepto ayudarlo a cambio de que fuera recompensado con joyas y oro.

Luna observaba los ojos de Cortez y presentía algo extraño, no confiaba en ese hombre de tupida barba y no era solo ella, Kumulka también dudaba de sus palabras…

Continuara…

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