La nena | Capítulo III: El sueño repetitivo de un alma que quiere volver

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– ¡Mirá, ahí está la nena!

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Se limpiaba la boca con la manga de la remera.

Los muchachos entendieron al instante que tenían que irse de ahí. Se subieron a mi auto, los tres, pero por más que intentaran este no arrancaba.

La nena los miraba y se sonreía. Los miraba, y los saludaba con ambas manitos. La nena no se escabullía ni se iba, solo estaba parada al lado del auto, cruzando la ruta.

Empezó a reírse, y la risa se escuchaba del otro lado. El ruido del motor que no lograba las vueltas necesarias para arrancar, y de repente unas luces aparecían por atrás. Eran luces de camión, luces grandes y cegadoras. Los chicos intentaron en vano salir, las puertas estaban trabadas los vidrios no bajaban, para pedir ayuda, sin embargo, hay una recomendación entre los camioneros de la zona: Sea lo que sea que veas, no te pares.

Cuando vieron que el vehículo no bajaba la velocidad, no hacía cambios de luces, y el viento lo empujaba contra el Clio, cada vez más la desesperación. Pateaban el parabrisas para escaparse, le pegaban a las palancas interiores de las cerraduras, pero era tarde, miraron enfrente una vez más, y no había nada, ni el auto, ni la nena, ni rastros de un accidente. Mauro que estaba atrás gritó asustado, los demás lo miraron y vieron una nena, la misma nena, arrodillada en el asiento trasero, mirando hacia atrás, sonriendo, saludando con las manitos.

El estruendo de las chapas de ambos vehículos fue inmenso, pero quedó perdido en la noche, nadie lo escuchó, ni vio nada, no había nadie más ahí tampoco.

Al otro día, una pareja joven que bajaba del cerro como a las 10 de la mañana, vio un auto, un Clio rojo, volcado y con señales de haber estado envuelto en llamas, todo lo que encontraron estaba gris y negro, pintado con cenizas.

Identificaron 3 cuerpos: Mauro Bastías, Martín Serpa y Rubén Almada. Entre las pertenencias encontraron un poco de comida en unos bolsos, ropa, celulares calcinados, y una jardinera pequeña con una flor en el centro.

Mi cuerpo nunca fue encontrado. Las noticias lo titularon como: “Tres muertos en un vuelco accidental”

Mis familiares, nunca me buscaron, y cuando las familias de los demás chicos les preguntaron, mamá respondió:

– ¿Ustedes se están burlando de mí? Mi hijo murió hace más de 10 años, por el mismo lugar. Iba con su esposa y sus dos hijos de 15 el varón, 6 años la nena. Los chocó un camión desde atrás. La nena tenía sus ojos. No voy a olvidar nunca su mirada.

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Esta historia está basada en la leyenda más oscura de las tantas del cerro del Villicum. Dicha leyenda cuenta que las brujas, salen a cazar durante la noche y si encuentran a algún accidentado, les absorben el alma para rejuvenecerse y también para usar de carnada el aspecto de estos en futuros eventos. Se han reportado casos de gente que desapareció en la zona, sin dejar rastros.

El agradecimiento a Paula Pietra por una gran ayuda en la redacción de la historia, a El Mendolotudo por el espacio y a ustedes por leerme.

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Comentarios

  1. Lucía dice:

    Posta termina tan así ????

  2. Brenda dice:

    Me encantoooooo!!! Sinceramente!!!! Un aplauuuusoooooooo para “el neño sanjuaninooooo”

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