Pericles Gonzalez según Cristian Wonders : Memorias de una noche sin recuerdos

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Dicen que “a perro viejo no se le enseña trucos nuevos”. Y el otro día entendí ese dicho de mierda, se ve que no aprendo ni a los coscachos.

Después de la otra noche que salí con el “Palangana Cara e’ Jaula” y el “Bebedero e’ pollo”  y terminé laburando con un pedo bárbaro y no me pude el orto, salimos de vuelta pero esta vez fue mucho peor, se los puedo asegurar. Esos hijos del demonio me llevan por mal camino.

Ese jueves salimos a tomar unos porrones al bar donde trabaja una amiga cerca del centro, llegamos a eso de las 23.30 hs. Nos sentamos justo en un lugar que se había desocupado y fui a pedir unos tragos. Para mi suerte, y la de mis cumpas, me regalaron unos cuantos tragos y ahí empezó el debacle.

Ya eran las 00.45 hs y nos habíamos tomado hasta el agua de los jarrones que había en la entrada. El muy culiado, el “Cara e’jaula”, ya estaba como quería, el problema era que nos vinimos en su auto y no estaba en condiciones de manejar, ni hablar del Palangana. Destilaba alcohol por los ojos el muy cabrón.

A eso de la 1.30hs la situación se volvió más complicada. Los dos estaban en un estado deplorable y nos teníamos que ir. Como pudimos, nos fuimos hasta su auto a un par de cuadras, pero en esas condiciones no los podía dejar conducir. Mi ligero estado de lucidez me incitó a dejarlos ahí hasta que pasaran un par de horas y estuvieran bien para poder manejar el auto.

El tema es que, al otro día, tenía que ir a laburar sí o sí, y después de esa “cagada” que me mandé la otra noche no podía darme el lujo de esperar con ellos en el auto hasta el día siguiente. Andá a saber si se iban a despertar temprano para llevarme al laburo, así que me dispuse a caminar hasta la plaza Independencia y esperé el bondi para ir a mi casa a buscar la ropa e ir hasta mi trabajo. Los dejé acostados con el asiento bajo, dejé las llaves en la guantera para que no trataran de manejar sino hasta que se despertaran más lúcidos.

Caminé haciendo zigzag por la vereda hasta la Espejo y Mitre, por suerte no había nadie en la calle a esa hora, lo que me llevó también a pensar que  no pasaban los bondis hasta al menos un par de horas. ¡¿Qué mierda iba a hacer en ese lugar mientras esperaba?! No me quedaba otra, no tenía muchas opciones y mi cabeza se me partía al medio.

Volví a la plaza y me senté en  el pasto frente a la fuente. Era tal el viaje que me agarré que no podía estar sentado sobre el pasto sin querer acostarme, pero sabía que si me acostaba iba a ser mi perdición, así que me fui a caminar un rato para que se me pasara el dope.

Caminé un rato para destilar y bajar el grado alcohólico que me cargaba pero a los minutos sentía como si hubiera caminado una maratón. No me quedó otra que sentarme en un banquito de por ahí. Tenía toda la camisa manchada con fernet,  justo esa noche tenía una remera debajo porque sabía que iba a refrescar,  así que me dispuse a dejarla al costado del banco. En eso, saco mi celular pero tenía batería baja cuando miré la hora. Era recién las 5 hs y tenía al menos una hora para que pasara mi bondi. Miré mi camisa para ver qué tan manchada estaba y en vi  un librito viejo y muy malgastado.

El libro tenía escrito algo a puño y letra, no tenía nada más que hacer y me puse a leerlo, al menos para hacer algo de tiempo. El texto empezaba así:

“ … Empezó a refrescar unos minutos antes de salir con los pibes, nos habíamos tomado todo lo que compramos para la previa, ese tintillo con fanta pasaba como trompada, nos fumamos todo lo que trajo el Kevin. La ranchada estaba como quería, éramos nosotros nomás. Con los pibes fuimos a tirar unos pasos a Picasso, llegamos justo para entrar por la lista del negro Motoneta.

Entramos, nos fuimos al centro de la pista con el Alexis y el Lucas a ver unas pendejas atrevidas que nos capearon apenas cruzamos la entrada. Eran dos minas que partían el suelo, agitaban esos totos mientras más la mirábamos. El Lucas fue el primero en encarar a la rubia, el cagón del Alexis se quedó en el molde y quedaba otra morocha justo para mí, así que la encaré.

Su nombre era Yemina, la flaca era de Las Heras y andaba media bajón porque había cortado con el novio hace poco. Pegamos toda la onda con la Yemi, flashamos toda la noche hablando boludeces. En eso, mientras bailamos un tema del Dipy, le comí la boca y se re prendió. Pasaron unas horas y mis panas no estaban cerca, supuse que se habían ido con sus cuerpitos, asi que le dije a la flaca que fuéramos a un lugar más tranqui a fumar algo. Se re activó. Ya estábamos por salir cuando me crucé con un chabón, era el ex, el problema es que no había cortado como me dijo y era el novio posta, le re había metido los cuernos al salame.

La mina como que lo re bardeó y al toque nos sacaron del boliche, medio que el flaco estaba como piña, me re agitó que me iba hacer boleta si me cruzaba en la cancha, que pum, que pam y se me acerca para hacerse el polenta, y en eso, el loro mete la mano en el bolsillo, sin cruzar palabras me mete un puntazo en el estómago. La flaca gritaba y lloraba pidiendo que alguien llamara una ambulancia. Al toque los patovas llamaron a la policía, yo ya tenía antecedentes y no podía dejar que me metieran preso los canas vigilantes. La Yeni se fue corriendo y me dejó re Solari, ahí tirado con toda la camisa ensangrentada. No había nadie a esa hora en la calle y me fui caminando hasta encontrar alguien que me diera una mano.

Con la mano me iba tomando la herida pero no dejaba de sangrar, cada vez me costaba más mover los pies, la vista se me estaba haciendo borrosa. Ya estaba por amanecer pero no había nadie por las calles, pateé hasta ver una plaza, seguí caminando, estaba ese cartel grandote colgado con un sol, unas manos y unos hojas al costado.  Bajé por esas escaleras que estaban al costado de unos chorros de agua con dibujos. Era subida y casi me caigo sobre esa pileta de cemento. Vi unos bancos al costado y había un pibe sentado de espaldas, medio grande se veía el gringo, me paré mientras mi mano derecha manchada con mi propia sangre cubría mi panza. Cada vez se hacía todo más borroso y estaba a unos metros del pibe, tenía como una camisa al costado de él, ya me estaba por desmayar y apoyé mi mano cubierta de sangre sobre su hombro y …”

No sé cómo mierda llegué a mi casa. Me desperté con una resaca bárbara, eran las 7.38 hs y a las 8.00 hs entraba a laburar. Lo último que recuerdo es que estaba sentado en la plaza Independencia. Traté de hacer memoria mientras me iba preparando para ir a laburo, y agarré la camisa que había usado y encontré envuelto un libro, ahí recordé un sueño. ¿Fue un sueño? ¿Lo habré soñado o fue algo de verdad? Miré la camisa pero no había rastros de sangre, tampoco en mi ropa. Abrí el libro y no podía creerlo, era “imposible”, no había nada escrito, estaba vacío.

 

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Comentarios

  1. LADra Lí dice:

    Linda historia!!!

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